En esencia, la motivación consiste en entender por qué hacemos lo que hacemos. Los psicólogos la dividen en dos tipos principales: intrínseca y extrínseca. La motivación intrínseca viene de dentro, como el placer de pintar por amor a la pintura, mientras que la extrínseca se basa en recompensas externas, como el sueldo a final de mes. ¿Notas la diferencia? Es como elegir entre correr porque te gusta el aire fresco o hacerlo para perder unos kilos antes del verano.
Pero aquí es donde resulta fascinante: nuestra motivación puede fluctuar en función de nuestro entorno y nuestra mentalidad. ¿Te has dado cuenta alguna vez de que un amigo que te apoya puede encender un fuego que ni siquiera una buena recompensa podría encender? Es el poder de la influencia social y el refuerzo positivo. Es como estar en un equipo en el que todo el mundo te anima y te hace sentir imparable.
Este paisaje psicológico también está determinado por nuestros objetivos. Establecer objetivos específicos y alcanzables nos hace más propensos a tener éxito. Imagina que intentas navegar por un laberinto sin un camino claro; probablemente te perderías. Pero con objetivos bien definidos, es como tener un mapa que te guía por los vericuetos. Así que, la próxima vez que sientas esa oleada de energía para emprender algo nuevo, aprovecha la psicología de la motivación y deja que te guíe hacia el éxito.
La diferencia entre motivación intrínseca y extrínseca
Por otro lado, la motivación extrínseca es aquella en la que entra en juego el mundo exterior. Se trata de las recompensas, los reconocimientos o las consecuencias que te empujan a actuar. Imagina que estás estudiando mucho porque quieres conseguir un ascenso o una medalla: es la zanahoria que cuelga delante de ti. Claro que puede ser eficaz, pero a veces parece un poco superficial, como llevar un disfraz para encajar en una fiesta.
Aquí es donde la cosa se pone intrigante. Los motivadores intrínsecos pueden llevar a una satisfacción más profunda, como encontrar el tesoro enterrado al final de una larga búsqueda. Cuando te impulsa el crecimiento personal, la creatividad o un interés genuino por lo que haces, las recompensas suelen ser más duraderas. En cambio, las recompensas extrínsecas a veces pueden ser efímeras, como un subidón de azúcar que después te deja hecho polvo.
¿Por qué es importante? Comprender la diferencia puede transformar su forma de abordar los objetivos en la vida o en el trabajo. ¿Quieres escalar esa montaña simplemente por las vistas, o es el reconocimiento que te espera en la cima lo que te hace moverte? Ambos tipos de motivación tienen su lugar, pero encontrar un equilibrio puede garantizar que tu viaje sea satisfactorio y agradable.
Cómo mantener la motivación a largo plazo
En primer lugar, debe fijarse objetivos claros y alcanzables. Piensa en ellos como si fueran tus peldaños. Cuando ves que progresas, es como una inyección de adrenalina. Divide los grandes sueños en trozos del tamaño de un bocado. En lugar de decir: "Quiero estar en forma", prueba con: "Caminaré 30 minutos todos los días". Es menos desalentador y más manejable.
A continuación, rodéate de positividad. Al igual que un jardín, tu mente necesita cuidados. Cuida tu entorno pasando el tiempo con personas que te animen. Busca a quienes te inspiren, considéralos tu sol motivador que te hace crecer.
Hablemos ahora de variedad. Imagínese comer lo mismo todos los días; se convierte en una tarea pesada, ¿verdad? Lo mismo ocurre con tus objetivos. Mezcla las cosas para mantener viva la emoción. Cambia tu rutina, prueba nuevos entrenamientos o cambia de proyecto en el trabajo. Así mantendrás la motivación fresca y atractiva.
No olvides celebrar tus triunfos, por pequeños que sean. Cuando te das un capricho por esos hitos, ¡es como celebrar una fiesta por tus logros! Ya sea un pequeño capricho o un día libre, reconocer tus esfuerzos te sube la moral y te hace seguir adelante.
Por último, recuerda que la motivación no siempre es una constante. Es natural que fluya y refluya. Como en una montaña rusa, tendrás altibajos. Acepta el viaje y no te castigues cuando tengas un bajón. En lugar de eso, reflexiona, recalibra y vuelve a encender ese fuego que llevas dentro.
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